Page 54 - Tratado sobre las almas errantes
P. 54
Santo Tomás de Aquino en el citado texto del Comentario a las Sentencias afirma sobre las
penas del purgatorio y el infierno algo que él lo entendió de modo más o menos material, ya que
creía que el fuego era corpóreo 139 . Pero lo que él asevera de lo corpóreo, es verdadero trasladado a
lo enteramente espiritual. De manera que cuando el Santo afirma que el purgatorio es un lugar
unido al infierno, de modo que el mismo fuego que atormenta a los condenados en el infierno es el
que purifica a los justos en el purgatorio, eso entendido de un modo espiritual es cierto. Pues si el
fuego que atormenta a los condenados es el sufrimiento por la ausencia de Dios, esa misma pena es
la que hace sufrir a los que están en el purgatorio 140 .
Unamos esto a lo que dice San Juan de la Cruz: Los que yacen en el purgatorio padecen
grandes dudas de que han de salir de allí jamás y de que se han de acabar sus penas 141 . De ahí que
si, según la doctrina de Santo Tomás, hay almas de los estratos más profundos del purgatorio que
están atormentadas por el mismo fuego del infierno (entiéndase como hemos dicho que ese fuego es
espiritual), y a eso le unimos la doctrina de San Juan de la Cruz de que no saben si van a salir de allí
nunca, entonces eso sería una vía de explicación al relato de Santa Faustina Kowalska.
El Aquinate ninguna cosa afirma acerca del tema de la posibilidad de una decisión salvífica
post mortem, pero este texto del Comentario al Libro de las Sentencias, demuestra que él creía en la
existencia de los fantasmas, a los cuales los consideraba almas del purgatorio. De todas maneras, y
aunque Santo Tomás no añada nada nuevo acerca del núcleo de lo que supone la tesis
intermediacionista, su afirmación de que otro es el lugar del purgatorio según la dispensación
(alius est locus secundum dispensationem), no deja de recordarnos la expresión de Benedicto XII en
Benedictus Deus: secundum Dei ordinationem commnunem. Ambas afirmaciones, no tomadas
aisladamente, sino en conjunto, dan la sensación de que tanto el pontífice como el teólogo
reconocieran que, en materia escatológica, la supremacía de la voluntad de Dios está por encima de
las disposiciones generales.
Conclusiones
El texto aducido del Aquinate es una prueba de que él creía de forma cierta en la existencia de
los fantasmas, pero sólo eso. Nada dice acerca de la posibilidad de hacer actos salvíficos post
mortem. Y si nada afirma sobre ese tema, sí que afirma claramente que las almas del purgatorio
están ciertas de su salvación.
El relato de Santa Faustina es el más difícil de entender desde la óptica comúnmente aceptada
de lo que es un alma en el purgatorio, la de un alma que espera llena de amor su entrada al Cielo.
Pero el relato de esta santa admite una interpretación dentro del esquema tradicional. Ha quedado
claro que, desde las afirmaciones sobre el fuego del purgatorio de Santo Tomás, unidas a las
enseñanzas de San Juan de la Cruz sobre el purgatorio, se podría ofrecer una explicación del texto
de Santa Faustina inscrito en una escatología no intermediacionista. Pero, también es verdad, que el
texto, en sí mismo considerado, parece abocar al intermediacionismo.
139 Cf. Summa Theologica, supl. 97, 5. En esto sigue la opinión de otros autores como San Gregorio Magno (Dial.
4,c.29; PL 77, 368) o San Agustín (De civit. Dei, 21,10).
140 Acerca de que “idem ignis sit qui damnatos cruciat in inferno, et qui justos in Purgatorio purgat”, véase Tratado
de las almas errantes, II parte, sección 8.
141
SAN JUAN DE LA CRUZ, Noche oscura, libro II, capítulo VII, n. 7.
54