Page 95 - Tratado sobre las almas errantes
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Esta concepción del fuego del infierno y el purgatorio concuerda con la afirmación de Santo
Tomás de que uno mismo es el fuego de ambos estados. Porque, en el fondo, ese fuego, ese
sufrimiento, consiste en no ver a Dios y tener que existir con un alma deformada por el pecado. Y
cada uno goza, entiende y existe según es. Si uno vive siendo un ser egoísta, soberbio y cruel
(aunque no tenga con quien ejercer esa crueldad), uno goza, entiende, descansa y razona con una
existencia tamizada a través de esas deformaciones de su alma. En el infierno, cada uno sufre según
es, porque cada uno está condenado a existir viendo el mundo a través de la propia perversidad. El
bueno ve el mundo con ojos buenos. El malo ve el mundo con ojos malos. En el réprobo, son malos
sus pensamientos y sus sentimientos, y eso mancha, tiñe y ensucia todo lo demás, incluso las
acciones de la naturaleza que en sí son buenas.
Lo mismo ocurre en el purgatorio, las personas que penetran en esa morada llegan con una
carga de deformación, de maldad, sólo que allí las gracias de Dios, las enseñanzas de otros humanos
santos y de los ángeles, hacen que la persona se encamine hacia su completa purificación; unos de
forma más rápida y otros de forma más lenta. En el purgatorio, probablemente, hasta los mismos
“condenados” a padecer esa purificación se ayuden entre sí a comprender sus errores y a ejercitar
las virtudes que poseen.
Esto es lo que hace tan radicalmente diverso el sufrimiento del purgatorio del sufrimiento del
infierno. En el purgatorio hay ayuda entre los que moran en ese estado. Se reciben enseñanzas de
parte de hombres bienaventurados y de ángeles. Dios otorga gracias. Todo esto unido a la existencia
de esperanza y amor en sus almas, hace de este estado algo completamente diverso al infierno.
Estrictamente hablando, es erróneo afirmar que el purgatorio es un infierno temporal. Son estados
cualitativamente diversos, no sólo los diferencia la duración. Claro que tal afirmación, la del
purgatorio como “infierno temporal”, tomada de un modo más lato, tampoco carece de elementos
de verdad, y no puede desecharse sin más como una proposición falsa, especialmente para los
estratos inferiores de ese estado de purificación. Y no nos olvidemos que, como dice Santo Tomás,
uno mismo es el fuego de ambas moradas.
Hay que tener en cuenta que en la medida que descendemos en las escalas de deformación (y
por tanto de sufrimiento) de los moradores del purgatorio, la deformación del sujeto es mayor. De
ahí que su entendimiento de las cosas sea más torcido y su sufrimiento sea mayor. Los niveles
inferiores del purgatorio (donde moran las almas perdidas) realmente están colindando con los
límites del infierno, y sus sufrimientos son cada vez más similares cuanto más se desciende.
Aunque, sea repetido una vez más, siempre exista una diferencia sustancial entre la decisión
definitiva y la plena aceptación de la reprobación eterna.
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