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Volvieron a pasarla de mano en mano mientras Bill permanecía inmóvil a la
cabecera de la mesa, perdida la vista en el espacio. Era la fotografía de una
fotografía. Mostraba una maltratada instantánea puesta contra un fondo blanco.
Labios sonrientes que descubrían dos agujeros donde nunca habían crecido
dientes nuevos ("A menos que crezcan en el ataúd", pensó Bill, estremecido). En
el margen se leía: "Compañeros de escuela 1957-1958."
--¿Apareció este año? -preguntó Beverly, otra vez. Como Mike asintiera, se
volvió hacia Bill-. ¿Cuándo la viste por última vez?
Él se humedeció los labios y trató de hablar. No salió nada. Hizo otro intento
mientras las palabras le resonaban en la cabeza, consciente de que volvía el
tartamudeo. Luchó contra el terror.
--No he visto esa foto desde 1958. Esa primavera, el año en que George murió...
Cuando traté de enseñársela a Richie, había de-desaparecido.
Hubo un jadeo angustiante que les hizo girar la cabeza. Eddie volvió a poner el
inhalador en la mesa, algo azorado.
-¡Eddie Kaspbrak en marcha! -exclamó Richie alegremente. De pronto,
fantasmagórica, surgió de su boca la voz del locutor de noticieros
cinematográficos-. En el día de la fecha, en Derry, toda una ciudad sale a
presenciar el desfile de los asmáticos. El astro del espectáculo es el gran Ed
Cabeza de Moco, conocido en toda Nueva Inglaterra como...
Se interrumpió. Eddie se elevó una mano hacia la cara, como para taparse los
ojos. Bill pensó: "No, no es eso. No lo hace para taparse los ojos, sino para
empujarse las gafas hacia arriba. Gafas que ya ni siquiera están allí. Oh, Dios
bendito, ¿qué está pasando aquí?"
--Disculpa, Eddie -dijo Richie-. He sido cruel. No sé en qué diablos estaba
pensando.
Y miró a los otros, desconcertado.
Mike Hanlon dijo:
--Me había prometido, al descubrirse el cadáver de Steven Johnson, que, si
ocurría algo más, si se producía un solo caso que fuera evidente, haría esas
llamadas. Y acabé demorando otros dos meses las llamadas. Era como si me
hubiera hipnotizado lo que ocurría la conciencia, la deliberación con que ocurría.
La foto de George apareció junto a un tronco caído, a menos de tres metros del
cadáver de Torrio. No estaba escondida. Por el contrario, se hubiera dicho que el
asesino deseaba que fuera descubierta. Y estoy seguro de que así era.
--¿Cómo conseguiste la foto de la policía, Mike? -preguntó Ben-. Porque de eso
se trata, ¿no?
--Sí, de eso se trata. En el departamento de policía hay un tío que no se opone a
ganar un poco de dinero extra. Le pago veinte dólares por mes, todo lo que puedo
permitirme; él me pasa los datos.
El cuerpo de Dawn Roy apareció cuatro días después del de Torrio. En el
parque Mccarron. Trece años. Decapitada.
Veintitrés de abril de este año. Adam Terrault. Dieciséis años. Se denunció su
desaparición cuando no volvió a su casa tras el ensayo de la orquesta. Lo
encontraron al día siguiente, a muy poca distancia del sendero que atraviesa la
arboleda detrás de Broadway Oeste. También decapitado.