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--Se quedó allí y sigue bien -dijo ella-. Las posibilidades de lograr eso son como
                las de curarse de un cáncer de pulmón: se puede, pero ¿quién hace el intento? Te
                quemarás en sexo y alcohol. o en alguna de esas nuevas drogas. -Los ojos pardos
                de Susan, enloquecedoramente fascinantes, chisporrotean con vehemencia-. Y si
                encargan el trabajo a cualquier inepto y no a alguien como Goldman, ¿qué
                importa? El libro está seguro. No le pueden cambiar una palabra.
                   --Susan...
                   --¡Escucha, Billy! Cobra tu dinero y huye. Eres joven y fuerte. Eso es lo que les
                gusta. Si vas, primero te cercenarán la autoestima; después, la capacidad de
                escribir diez palabras seguidas. Pero lo peor es que te quitarán los testículos.
                Escribes como un adulto, pero eres sólo un niño con la frente muy grande.
                   --Tengo que ir.
                   --Eres un gilipollas -contraataca ella-. No lo hagas.
                   --En serio. Tengo que hacerlo.
                   --¡Por Dios!
                   --Necesito alejarme de Nueva Inglaterra. -Tiene miedo de decir lo que viene a
                continuación, porque es como pronunciar una maldición, pero se lo debe-. Tengo
                que irme lejos de Maine.
                   --¿Por qué?
                   --No sé, pero así es.
                   --¿Me estás diciendo algo real, Billy, o hablas simplemente como escritor?
                   --Es real.
                   Durante esta conversación están juntos en la cama. Ella tiene los pechos
                pequeños como melocotones, dulces como melocotones. Él la ama mucho, pero
                no como ambos saben que sería bueno amar. Ella se sienta, con un revoltijo de
                sábanas en el regazo, y enciende un cigarrillo. Está llorando, pero lo más probable
                es que crea que Bill no lo sabe. Hay sólo un brillo en sus ojos. Parece más
                prudente no mencionar el asunto. Aunque él no la ame como sería bueno amar, le
                tiene muchísimo afecto.
                   --Está bien, vete -dice ella, con voz seca y profesional, girando en su dirección-.
                Cuando estés listo, si todavía tienes fuerzas, telefonéame. Yo iré a recoger los
                pedazos... si queda alguno.
                   La versión fílmica de Los rápidos negros se titula El foso del demonio negro, y
                Audra Phillips representa el personaje femenino principal. El título es horrible, pero
                la película resulta bastante buena. Y él sólo pierde una parte de sí en Hollywood:
                su corazón.
                   --Bill -dijo Audra otra vez, arrancándolo de esos recuerdos. Él vio que había
                apagado el televisor. Miró por la ventana y vio la niebla que hociqueaba los vidrios.
                   --Te explicaré todo lo que pueda -dijo-. Es lo menos que mereces. Pero antes
                debes hacer dos cosas por mí.
                   --De acuerdo.
                   --Prepárate otra taza de té y dime qué sabes de mí. O qué crees saber.
                   Ella lo miró intrigada. Luego fue hacia el aparador.
                   --Sé que eres de Maine -dijo, sirviéndose el té. Aunque no era inglesa, su voz
                había adquirido un dejo de entonación británica, secuela de la parte representada
                en El desván, la película por cuya filmación estaban allí. Era el primer libreto
                original de Bill. También se le había ofrecido la dirección, pero la había rechazado,
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